jueves, 10 de mayo de 2018

Arctic Monkeys: Tranquility Base Hotel & Casino



El recorrido por la discografía de Arctic Monkeys permite entender en pequeñas dosis cómo fue la historia de la banda en esta década y monedas: de pasar a tocar en sótanos cerveceros en High Green a llenar estadios y liderar la cabeza de los principales festivales de música del mundo.

 En Whatever PeopleSay I Am That’s What I’m Not (2006), Alex Turner describía en detalle cómo era la vida púber del indie en los suburbios de Sheffield, entre personajes de barrio y situaciones cotidianas que iban desde encarar a alguien en la pista de baile a desenmascarar falsas amistades o terminar en una redada policial por una broma inocente. Cuando el reconocimiento llegó a mojar sus pies, Favourite Worst Nightmare (2007) se encargó de documentar esa metamorfosis adolescente catapultada a un éxito que podía llegar a convertirse en pesadilla a causa de la prensa venenosa, dormir en hoteles a miles de kilómetros de casa bajo los efectos del jet-lag y tener que tomar distancia renunciando al amor (tal fue el punto que el ex bajista Andy Nicholson no aguantó el ritmo y se bajó de la formación, siendo reemplazado por Nick O’Malley).  Parte de esa oscuridad se reflejó en el tercer disco Humbug (2009), donde los tiempos se desaceleran un poco, las guitarras cobran espesor bajo efectos reverberantes y la psicodelia árida interactúa con fraseos más pausados de Turner, que le canta a la paranoia, ansiedad y al acoso a la intimidad bajo la tutela de Josh Homme (QOTSA). Luego de esa rara avis que fue su disco de transición más stoner y experimental hasta la fecha, la banda volvió a sus raíces con Suck It And See (2011), una obra que apuesta a lo seguro resaltando el trabajo melódico y los riffs guitarreros para finalmente pasar la página hacia AM (2013). Esta quinta parada fue la más circular, con una búsqueda sonora bien rutera y nocturna definida a partir de su asentamiento en los Estados Unidos (más precisamente en el desierto californiano), con arreglos más escuetos pero sin renunciar a los hooks potentes sabbathianos en las seis cuerdas e incorporando como novedad coros en falsete del baterista Matt Helders.

 Ahora bien, desde ese momento al presente transcurrieron unos cinco años en los que la banda frenó sus compromisos y Alex Turner aprovechó el hiato para reactivar la marcha de su proyecto The Last Shadow Puppets con el aclamado y luminoso Everything You’ve Come To Expect (2016) y hasta para apadrinar a artistas como Alexandra Savior.

 Justo en el cruce de estos mundos es donde retoma los hilos la sexta placa Tranquility Base Hotel & Casino. Se dice que Tranquility Base fue el sitio lunar donde en 1969 los humanos alunizaron por primera vez en un cuerpo celeste y, es en este contexto donde Alex Turner sentó los pilares de su nuevo disco conceptual, con música elegante y sofisticada que podría ambientar una especie de hotel o casino intergaláctico elevado de la superficie terrestre.

 Tranquility Base Hotel & Casino se puede leer como el trabajo más personal de Turner hasta la fecha, casi que es un disco solista firmado bajo el nombre de una banda y, lejos de ser todo lo que uno podría esperar, se descarrila del rumbo en que la monada venía transitando.

 El mismo cantante admite: ‘Quería hacer esta música que estaba adentro mío (…) era importante despedirme del realismo presente en la mayoría de material de Arctic Monkeys. Todo se desarrolló en una dirección que me hizo dar cuenta que no tenía nada que ver con lo que la gente esperaba de un disco de los Monkeys’.

 La etapa rockera de las camperas de cuero y el jopo engominado como primer approach con la cultura norteamericana es un capítulo del pasado y ahora vemos al cantante pasar la página con otra madurez, ataviado como crooner setentoso en un tuxedo de terciopelo con barba en el mentón, entonando al piano canciones introspectivas que podrían sonar bajo luces bajas en el lobby de un Chateau Marmont o Club Silencio suspendido en el cosmos.

 Tal vez este retiro espacial desde el que canta en ‘Star Treatment’, que abre el disco y perfuma el aire con la esencia que mantendrá luego, fue un rehab de autoconsciencia para hacer detox de la fama y hoy susurra con su métrica particular de encastrar palabras: ‘Yo solo quería ser uno de los Strokes, ahora mira el desastre que me hiciste hacer, recorriendo a dedo con una valija con monograma millas afuera de cualquier autopista imaginable’. ‘Soy un gran nombre en el espacio profundo’ admitirá luego ambiguamente, entre su ego y el punto azul pálido que puede representar en el vasto universo.

 Alex Turner construyó un refugio tranquilo y alejado del stardom de Los Angeles donde reside, una plataforma aislada desde la que observa todo distante, entre el desencanto y la extrañación. En la balada ‘One Point Perspective’, que comparte el mismo recurso de pequeñas notas reiterativas de piano que ‘The World’s First Ever Monster Truck’ (atravesando el sonido de Grizzly Bear, Beach House y The Doors) vaticina quizás el fin de una etapa como songwriter ‘tan pronto como el apocalipsis se priorice (…) supongo que el cantante debe morir. Este imponente documental que desafortunadamente nadie vio, con tan bella fotografía, merece la pena por su escena inicial. Estuve manejando y escuchando su composición o tal vez lo imaginé todo. Estuve tocando en habitaciones tranquilas como esta anteriormente’.

El dramatismo persiste y va oscureciendo sus colores en ‘American Sports’ que, entre acordes menores, capas de guitarras psicodélicas de fondo y eco,  reclama con desesperación ‘¿Puedo obtener mi dinero de vuelta? El pack de batería de emergencia llega justo a tiempo para mi charla semanal por videollamada con Dios. Un montaje de las últimas ruinas ancestrales musicalizadas por un estribillo diciendo ''vos no sabes lo que estas haciendo’.

En esta misma línea se mueve el tema que bautiza al disco, con el cantante recluido desde este hotel claustrofóbico imaginario (cual Jack Nicholson en The Shining) cuestionándose: ‘¿Recordas cuándo empezó a salir todo mal?  ¿Celebras tu lado oscuro y luego deseas no haber dejado nunca tu casa?’.  

 Turner nos lleva a recorrer los límites de un mundo que parece distópico y ficcional. En el tema glam ‘Golden Trunks’ (el único momento protagonizado por guitarras procesadas junto a ‘She Looks Like Fun’), menciona a un ‘líder del mundo libre’ que recuerda a un luchador subiendo al ring o a ‘figuras con nuevas mentiras que publicitar’ (¿un llamado para Trump, quizás?). En ‘Science Fiction’ habla de la realidad virtual en la que se vive, con ‘reflejos en la pantalla de sociedades extrañas’,  un ‘monstruo del pantano con una erección por la conectividad’ y una ‘colonia que en un futuro no muy distante resalta los peligros y envía mensajes ocultos’. Como solución escapista a los espacios gentrificados y estas situaciones, el cantante (poseído por el espíritu de Gainsbourg o Harrison) extiende en ‘Four out of five’ su invitación a emigrar en éxodo a su hotel de 4 estrellas en la superficie lunar, un lugar donde 'los días no existen y el único momento en que se frena la risa es para respirar o robar un beso', según lo define. Si la vida se convirtió en un deporte en el que somos espectadores y la sociedad vive anestesiada y online, solo es cuestión  de darle un tubazo en su ‘Batphone’ y aceptar la oferta a su nueva morada.

Finalmente ‘The Ultracheese’ (una especie de ‘Oh, Darling’ moderna y nostálgica), funciona de forma efectiva como cierre de disco, encontrando un guiño directo con ‘The Dream Sypnosis’ de TLSP, con un Alex Turner que, pese a su delirio de pesimismo y confusión, ya sea a la guitarra o con un piano Steinway Vertegrand, sigue encontrando formas de conmover con la canción.

Está claro que Tranquility Base Hotel & Casino no es la puerta de entrada más accesible a la banda y que, posiblemente, se trate de un álbum que con el correr de las escuchas vaya surtiendo efecto. Tal vez por esa misma razón, en un acto de rebeldía y estrategia comercial, Arctic Monkeys se negó a lanzar simples de adelanto y optó por sacar directamente su opus completa, dado que la suma funciona mejor que las partes por separado.  Más allá de los gustos, resulta interesante la conexión con la idea que subyace al disco de conquistar territorios musicales inexplorados y que Turner sea el guía lounge pop que conduce al oyente por esta nueva residencia fantasiosa, glamourosa, fantasmal y sofocante, como tiempos antes lo hicieron maestros como David Bowie, Leonard Cohen, el ya citado Monsieur Gainsbourg, Jarvis Cocker y hasta Father John Misty.  Si Humbug fue el disco resistido y de quiebre para llegar años más tarde a AM, a lo mejor Tranquility Base Hotel & Casino es la base necesaria para concretar más adelante otro home run.

En una entrevista radial Alex Turner dijo que sus discos preferidos son como lugares a los que le gusta visitar. Éstas 11 canciones en ese sentido funcionan para hacer escapismo de la decadencia mundana y mirar todo en perspectiva lejana, usando un lenguaje sci-fi que describe una realidad cada vez más parecida a la ficción.


Txt: María Gudón




Para archivarlo entre:

The Last Shadow Puppets – Everything You’ve Come To Expect (2016)
The High Llamas – Hawaii (1996)
Peter Thomas Sound Orchestra – Rampatrouille Orion (1966)
The Divine Comedy – A Short Album About Love (1997)
Scott Walker – Scott 3 (1969)
Pulp - This Is Hardcore (1998)
Jarvis Cocker  & Chilly Gonzales – Room 29 (2017)
Air - Premiere Sympthômes (1997) y Talkie Walkie (2004)
Dion – Born To Be With You (1975)
Serge Gainbourg – Histoire de Melody Nelson (1972)
David Bowie – The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars (1972)
Virna Lindt - Shiver (1984)
François de Roubaix – Soundtrack de Le Samourai (1967)
Cameron Avery – Ripe Dreams, Pipe Dreams (2017)
Father John Misty – I Love You, Honeybear (2015) y Pure Comedy (2017)

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Arctic Monkeys - Tranquility Base Hotel & Casino



Going through Arctic Monkeys’ discography in retrospective lets you understand how the story of the band has been  for this amost decade and a half: from playing on beer pubs in High Green to fill in stadiums and headline the principal music festivals worldwide.

In Whatever People Say I Am, That’s What I’m not (2006) Alex Turner described in detail how the life of an indie teenager was in the outskirts of Sheffield, surrounded by neighbourhood characters and daily scenes such as seducing someone on the dancefloor, unmasking fake friendships or end up being in jail for an innocent joke. When recognition came their way, Favourite Worst Nightmare (2007) documented that teenage metamorphoses crossed by success, a real struggle triggered by poisonous press, sleeping in hotels miles away from home under jet-lag and growing apart from love (the situation came to such an extent that bassist Andy Nicholson couldn’t catch up with the pace and parted ways with the band, being replaced by the latter Nick O’Malley). Part of that darkness was reflected on the third studio album Humbug (2009), in which rhythm was slowed down, guitars sounded thicker under reverbant effects and psychedelia interacted with quiet slur from Turner, that sang about paranoia, anxiety and invasion of privacy under Josh Homme’s production. After that rara avis, the most experimental and stoner record they've made up to date, the band went back to their roots in Suck It And See (2011), an artwork that played it safe underlining the melodies and guitar riffs to finally turn the page to AM (2013). This fifth record had a clearer purpose, with a nocturnal bluesy sexy vibe defined by their new home, the Californian U.S desert. The arrangements were more limited but kept using heavy sabbathian hooks on the six strings and introduced falsetto choirs by drummer Matt Helders as an innovation.

For the last five years the band remained inactive and Alex Turner took advantage from the hiatus to resurrect his other outfit  The Last Shadow Puppets, with the acclaimed and luminous Everything You’Ve Come To Expect (2016). He even found the time to godfather the breakthrough artist Alexandra Saviour producing her debut album Belladonna of Sadness.

It’s in this crossover point where Tranquility Base Hotel & Casino, the sixth Monkeys album,  picks up the threads.  It is said that Tranquility Base was the site on the Moon where, in 1969, humans landed and walked on another celestial body for the first time. On that context Alex Turner laid the foundations of his new conceptual piece of work, with an elegant and sophisticated music that sets the mood perfectly on an intergalactic hotel or casino suspended over Earth’s surface.

Traquility Base Hotel & Casino can be interpreted as Turner’s most personal work, it’s like a solo album signed in the name of the band and, far from everything one could come to expect, it goes in another artistic direction than the one the band was circulating in.

The rocker period of leather jackets and Pompadour greasy hairstyle as a first encounter with American culture is a chapter from the past and now we see the singer in a more mature role, dressed as a 70s crooner on a velvet tuxedo with beard on his chin, singing introspective songs on the piano that could set the atmosphere on the glimmer lobby of a cosmic Chateau Marmont or lynchean Silencio Club.

 Maybe that space retreat from where he sings in ‘Star Treatment’, the opening song that scents the air of the whole record, was a rehab and a detox from fame, since today he whispers with his own meter to embed words: ‘I just wanted to be one of The Strokes now look at the mess you made me make. Hitchhiking with a monogrammed suitcase miles away from any half-useful imaginary highway’. Then he will admit ambiguously ‘I’m a big name in deep space’, meassuring his ego with the pale blue dot that represents in the wide open space.

Alex Turner built a quiet shelter far from Los Angeles' stardom where he lives, an isolated platform in which he observes everything from distance, between disappointment and estrangement. On the ballad ‘One Point Perspective’, that shares the same repetitive piano notes than ‘The World’s First Ever Monster Truck’ (influenced by the sound of Grizzly Bear, Beach House and The Doors) he predicts what may be a final stage as a songwriter: ‘Just as the apocalypse finally gets prioritized (…) I suppose a singer must die. This stunning documentary that no one else unfortunately saw. Such beautiful photography it’s worth it for the opening scene. I’ve been driving ‘round listening to the score, or maybe I just imagined it all. I’ve played to quiet rooms like this before’.

The drama lingers on and darkens its colors in ‘American Sports’ relying on minor chord progressions, echo and layers of psychedelic guitars in the background while he demands desperately: ‘Can I please have my money back? Emergency battery pack just in time for my weekly chat with God on videocall. (…) a montage of the latest ancient ruins soundtracked by a chorus of ‘’you don’t know what you’re doing’’. The song that gives name to the album also moves in the same lane, with Alex confined in that imaginary claustrophobic motel, just as Jack Nicholson in The Shining, wondering ‘Do you remember where it all went wrong? (…) Do you celebrate your dark side then wish you’d never left the house?’.

Turner takes us to explore the limits of a world that seems distopyan and fictional. In the glam tune ‘Golden Trunks’ (the only moment starred by processed guitars next to ‘She Looks Like Fun’), he mentions a ‘leader of a free world that reminds you of a wrestler as he makes his way to the ring’ or ‘figures with a fresh new pack of lies summat else to publicize’ (A call for Donald Trump, maybe?). On ‘Science Fiction’ he makes reference to the virtual reality in which humanity is sinking in, with ‘reflections in the silver screen of strange societies, swamp monster with a hard on for connectivity and mass panic on a non too distant future colony that highlights dangers and send out hidden messages’.

As an escaping solution to the grentrification areas with this situations, in ‘Four out of five’ the singer (possessed by Gainsbourg or George Harrison’s spirit) extends his invitation to migrate in exodus to his four star hotel in the lunar surface, a place where ‘the only time we stop laughing is to breathe or steal a kiss’ as he defines it. If life turned out to be a spectator sport and society is undergoing anaesthesia, it’s just a matter of giving him a call on his ‘Batphone’ and accept his offering to his new crib.

Finally ‘The Ultracheese’ (a kind of modern nostalgic ‘Oh Darling’ song) works effectively at the record ending, sharing the same gimmick as TLSP’s ‘The Dream Sypnosis’. Despite Alex Turner’s delirium of pessimism and confusion, both on a guitar or a Steinway Vertegrand piano, he still manages to keep finding ways to touch feelings with his songs.

It’s pretty evident that Tranquility Base Hotel & Casino is not the most accessible entrance door to the core of the band. Possibly this is an album that will grow in meaning with repetitive listening. Maybe for that reason, as a rebellion act or a commercial strategy, Arctic Monkeys didn’t launch cuts separately and chose instead to launch the full opus, so that people would interpret it as a whole concept, since the sum works better that the isolated parts.

Beyond likes, it turns out interesting the connection with the idea that floats around the album of conquering unexplored musical territory, with Turner as the lounge pop character that guides listeners through this new imaginative, glamorous, ghostly and suffocating residency, as old masters from the likes of David BowieLeonard Cohen, the aforementioned Monsieur GainsbourgJarvis Cocker and even Father John Misty did in the past. If Humbug was the resisted breaking point that within the following years helped to develop AM, Tranquility Base Hotel & Casino may be the necessary base to score another home run in the next future.

On a radial interview, Alex Turner said his favorite records were those that functioned as places he liked to visit. These 11 tracks, in that way, let us escape from mundane decay to look everything from a distant perspective, using sci-fi language to describe reality facts that are increasingly looking alike fiction.


Txt: María Gudón

Suitable to shelve among these records:

The Last Shadow Puppets – Everything You’ve Come To Expect (2016)
The High Llamas – Hawaii (1996)
Peter Thomas Sound Orchestra – Rampatrouille Orion (1966)
The Divine Comedy – A Short Album About Love (1997)
Scott Walker – Scott 3 (1969)
Pulp - This Is Hardcore (1998)
Jarvis Cocker  & Chilly Gonzales – Room 29 (2017)
Air -  Premiere Sympthômes (1997) and Talkie Walkie (2004)
Dion – Born To Be With You (1975)
Serge Gainbourg – Histoire de Melody Nelson (1972)
David Bowie – The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars (1972)
Virna Lindt - Shiver (1984)
François de Roubaix – Soundtrack de Le Samourai (1967)
Cameron Avery – Ripe Dreams, Pipe Dreams (2017)
Father John Misty – I Love You, Honeybear (2015) and Pure Comedy (2017)

jueves, 19 de abril de 2018

Radiohead en Tecnópolis: presente en movimiento

     Ph: Dani Strubia

Nueve años transcurrieron desde el debut de Radiohead en Argentina en el Club Ciudad, que hicieron que las expectativas crecieran a la par del paso del tiempo, al igual que la cantidad de público asistente. Fue con una fecha sold out y en el marco del Soundhearts Festival que los británicos marcaron su regreso, esta vez en el predio de Tecnópolis.

Dos propuestas muy disimiles que compartían cierto poder hipnótico dieron antesala al show. Por un lado Junun, el proyecto world music de Johnny Greenwood con una orquesta hindú que sazona su música con condimentos de la India, Israel, Marruecos y El Níger. Por otro Flying Lotus, con un set electrónico espacial lleno de bajos resonantes, sampleos camuflados y visuales subliminales en alta fidelidad.

Tras largos minutos de retraso por ajustes escénicos y una desbordante ansiedad del público, la pieza ambient ‘Tree Fingers’ finalmente introdujo a la banda, que salió uniformada con el escenario a oscuras para abrir con ‘Daydreaming’, tema que, al igual que ‘Pyramid Song’ (que también integró el setlist) se sostiene de un piano melancólico que va aumentando la intensidad hasta alcanzar un clímax, en el que un juego de luces se refracta como estrellas fugaces. En contraste, sigue un bloque más up-tempo y rockero con la rítmica kraut de ‘Ful Stop’, los sintes oscuros de ‘Myxomatosis’ y los beats frenéticos de ‘15 Step’ (a los que Thom Yorke acompaña agitando unas maracas). La banda pasea de un estado a otro, entre la desolación y fragilidad arpegiada de ‘Nude’ o ‘Lucky’, su costado jangle pop guitarrero más nostálgico (‘Let Down’ y ‘My Iron Lung’) y la cadencia repetitiva de bases electrónicas paranoides (‘Everything In Its Right Place’) o acústicas (como ‘The Numbers’ o ‘Desert Island Disk’, que nada tienen por envidiarle al Neil Young más introspectivo de Zuma).

Radiohead no necesita demostrar grandeza despuntando hits como artillería ni utilizar a su frontman demagógicamente para ganar atención, ya parado frente a la gente sin decir nada o riendo a carcajadas extrañas, Yorke despierta respeto automático. Tampoco la banda requiere de escenografía despampanante, todo lo contrario: apela más bien a la austeridad estética, destacando en primer plano las canciones, sean en formato orgánico o en su complejidad experimental. Es por eso que la lista de temas no fue complaciente con quienes esperaban material radial, sino que trazó un recorrido por focos menos comerciales y visitados de su discografía que, por diversos que sean, definen una identidad sonora plasmada en más de dos décadas y consolidada a lo largo de nueve obras.

Si bien los de Oxford basaron principalmente el repertorio en cuatro discos clave como OK Computer (1997), In Rainbows (2007), el más reciente A Moon Shaped Pool (2016) o Kid A (2000), también hubo parates por trabajos más subestimados como su hermano gemelo Amnesiac (2001) (con el western ranchero ‘I Might Be Wrong’) o The King Of Limbs (con el viaje oceánico de ‘Bloom’ y ‘Feral’).

Hasta aquel entonces venía siendo un show climático pero a mitad de ‘The Gloaming’ se cortó la vibra, cuando Yorke y los suyos se vieron obligados a interrumpir la performance durante 15 minutos tras gritos e incidentes por un vallado de contención caído. Inmediatamente, el cantante pidió al público ceder un paso atrás para descomprimir el área y terminó de entonar el tema a capella en afán de calmar los ánimos, mientras la seguridad se disponía a resolver el asunto.

Si bien el sonido fue bastante bueno, aunque no así la transmisión por pantallas (en las que se proyectaba un collage ovalado con imágenes arty de los integrantes tocando en vivo procesados bajo distintos filtros, colores y efectos), hay condiciones relativas a la organización que escaparon a la responsabilidad de la banda y obligan a pensar a futuro si el predio realmente cuenta con el soporte necesario para albergar a una magnitud de 40.000 personas. El campo estaba atestado de gente a presión, packt like sardins in a crushd tin box,  y se formaban largas colas para ingresar al espacio o acceder a los servicios del lugar, lo que tampoco favorecía el ángulo de visión para disfrutar del show.

Como dice el tema con el que abrieron, ‘it’s too late, the damage is done’ (es muy tarde, el daño ya está hecho) y, lamentablemente, estas situaciones enfriaron la dinámica con que venía desarrollándose la noche, que encaró una segunda parte más hitera y efectista pero con otra energía.

Weird Fishes / Arpeggi’ y el rock amplificado de ‘Bodysnatchers’ fueron las últimas escalas por el aclamado In Rainbows antes de pasar a la primera tanda de bises, que arrancó con dos temas de naturaleza acechante: ‘Climbing Up The Walls’ y ‘There There’.  ‘Exit Music (For A Film)’ llevó las cosas a un plano más depresivo y su estructura despojada y fantasmagórica lució la voz inmaculada de Thom, que mantiene su registro de agudos sin fisuras. 

Nuevamente no tardó en aparecer la electrónica esquizoide con ‘Idioteque’ y las disonancias y bases corpulentas de ‘National Anthem’, que, al igual que algunos  temas del último disco, tuvo que ser resuelta en el vivo con otro tipo de arreglos a falta de orquestación o pistas de reemplazo. 

Tras otro falso amague de despedida, Radiohead vuelve a escena para duplicar los bises con los acordes bossanovezcos y agridulces de ‘Present Tense’, que crean un momento de intimidad alterado por  ‘2+2=5’ y la ciclotimia novelada de ‘Paranoid Android’, con la que se da por concluido el show.  La ovación del público fue tal que la banda se asomó por tercera vez para finalizar con un último tema por fuera del listado: la balada acomplejada y sufrida ‘Creep’, el hit en concesión a los fans que no suele ser de su agrado tocar pero que tantas puertas les abrió a lo largo y ancho del mundo.

True love waits...Dicen que el amor verdadero espera…en el caso del público argentino, el reencuentro con Radiohead tardó casi una década en llegar pero el tiempo fue compensado con un show que, habiendo recorrido todas sus facetas, revalidó su evolución musical, en un trayecto alternativo en el que aún continúan andando a paso firme en este present tense.


Txt: María Gudón
Ph: Cortesía de Gallo Blugermann / Rock Pix, Dani Strubia para Sulky En Vivo, Luciano Gertner  y Emmanuel Distilo



    
 Ph: Gallo Blugermann 


    Ph: Gallo Blugermann

    
Ph: Gallo Blugermann

    Foto extraída de Waste Central

    Ph: Gallo Blugermann

    Ph: Gallo Blugermann

   Ph: Emmanuel Distilo



Ph: Emmanuel Distilo


 Ph: Luciano Gertner



Ph: Luciano Gertner

 Ph: Gallo Blugermann

 Ph: Gallo Blugermann


 Ph: Emmanuel Distilo



Ph: Luciano Gertner



Ph: Luciano Gertner

 Ph: Gallo Blugermann

 Ph: Gallo Blugermann


Ph: Emmanuel Distilo

  Ph: Dani Strubia



Ph: Luciano Gertner

 Ph: Luciano Gertner


 Ph: Luciano Gertner


 Ph: Luciano Gertner



                                                                                                      Ph: Luciano Gertner


  Ph: Dani Strubia

  Ph: Dani Strubia


Setlist