lunes, 17 de marzo de 2014

Mac DeMarco en Vorterix: el lo-fi que va en camino al éxito



Mac DeMarco, el pichón de la generación Pitchfork hacedor de flotantes melodías lo-fi  salido de la escuela de Ariel Pink, DIIV y Beach Fossils, pasó por Buenos Aires como una de las primeras visitas del año, tocando en una veraniega noche de sábado ante un Vorterix lleno.

El cantautor canadiense sub 25 llegó en un momento ideal: tras el crecimiento que le representó su recomendable debut 2 y frente a la expectante presión que implica el famoso segundo disco sucesor, que saldrá a la venta a comienzos de Abril bajo el ala del sello que lo apadrinó, Captured Tracks.

DeMarco, una cruza entre Elijah Wood y el desfachatado Dude Lebowski, sube al escenario vestido de entrecasa abanderando la pose anti-estilo con un jardinero y el pelo revuelto. Lo primero que hace es presentar a su banda, algo que dicta que la noche se saltará de la norma, ya que usualmente se estila a hacerlo promediando la mitad o el final del show.

El público tiene el privilegio de ser conejillo de Indias y testear los nuevos temas, que, como él anuncia, solo fueron tocados en vivo en otras dos oportunidades más.

Así, el show abre con ‘Salad Days’, el track que titula a su segunda obra y continua con otras prometedoras gemas nuevas como ‘Blue Boy’,‘Treat Her Better’ o ‘Let Her Go’, canciones más oscuras y personales que aún conservan los riffs circulares y pegadizos de cuerdas.

Antes de cantarle el cumpleaños al guitarrista Peter y de pedir para el brindis una botella de whisky compartiendo shots con el público, hace un breve repaso por su primer álbum con ‘The Stars Keep on Calling My Name’ para volver a develar más material nuevo. Los dos adelantos que estuvieron rotando en los medios, la slow jam melosa ‘Brother’ y el corte beatleroPassing Out Pieces’ (que se basa en un redundante Minimoog) se destacan como los puntos más altos dentro de lo nuevo que el cantante tiene bajo el brazo.

La oda a lospuchos Viceroy genera ovación y el clímax narcótico invita a que varios porros se enciendan al unísono y una serie de cigarrillos sean despedidos cual misiles hacia el escenario en señal de ofrenda tabaquera.

Mac es un tipo de placeres simples: disfruta de hacer canciones sencillas sobre cosas cotidianas: el ritual de fumarse un cigarro, la vida familiar y el plato de comida que le cocinan sus viejos (‘Cooking Up Something Good’) o dar que hablar en su barrio freakeando a la vecindad con sus locuras (‘Freaking Out TheNeighborhood’). Lo interesante es la frescura con que traduce su mundo: atractivos arreglos de violas à la Johnny Marr, pop volátil en forma de balada y dope psicodélico en un cóctel sonoro bautizado por él como jizz-jazz. Su humor on-stage merece un párrafo aparte: vendiendo por momentos más la imagen de comediante de stand-up que de músico.

El show se redondea con otras dos novedades: la sentimental y sensual ‘Let My Baby Stay’ y ‘Chamber Of Reflection’, que incorpora sintetizadores ochentosos. A esta altura DeMarco y el público ya están en total  confianza y el gran cierre viene dado, con moshpit de por medio, por ‘StillTogether’.

Sin mucho reclamo, los bises no tardan en llegar: haciendo marcha atrás con ‘Rock and Roll Nightclub’ (su momento más glamrockero), que culmina con un beso de lengua con el bajista, y un bizarro cover country a ‘Unknown Legend’ de Neil Young.

Mac trasladó la informalidad y el despojo a kilómetros de su casa, logrando que el teatro de Colegiales se sintiera como un cómodo y cálido ensayo de living room  para 1500 personas. Nada poco meritorio sabiendo que todavía está en sus dulces veintes y que tiene un camino adelante por explorar.


Txt: María Gudón

Ph: Mara F. Mertens / Matías Casal

Nota hecha para VOMB