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jueves, 17 de septiembre de 2026

Oasis - ‘’Don’t Look Back In Anger’’: Perdonar es divino (y mueve la fe y montañas de millones)


La única foto promocional del ''Live ‘25 Tour'' mostraba a los Gallagher en blanco y negro plantados al frente pero venía cargada de incógnitas. La expectativa era enorme y ni ellos sabían si iban a estar a la altura.

¿Se reunieron para el shooting o fue un fotomontaje? ¿Compartían los ensayos o cada uno iba por su cuenta? ¿Cómo se completaba la formación? ¿La vuelta fue una movida de marketing o finalmente enterraron el hacha? ¿Podrían terminar la gira sin matarse como Rómulo y Remo? Las canciones, química y rendimiento, ¿tendrían la misma entrega que en los 90 y 00?


Por suerte el film Don’t Look Back in Anger llegó para iluminar el detrás de escena: parte de lo que no se vio tras bambalinas pero se debatió durante los largos meses de espera entre el anuncio y kick-off del tour. El documental arranca justamente ahí, retomando los cabos sueltos que dejó la infame pelea en el festival Rock en Seine de Francia (2009), el punto de quiebre definitivo.


¿La reunión de Oasis? Puede deberse a varios motivos que se comentaban por lo bajo pero que el film no revela: la maquinaria de facturación financiera (que vino bárbaro para pagar el divorcio millonario entre Noel y Sara), cumplir con el pedido de su madre Peggy o el deseo de acercar el legado a sus propios hijos y a las nuevas generaciones que jamás los vieron en vivo. O, quizás -tras años de aventuras solistas- fue simplemente llegar a la conclusión de que dos bueyes creativos tiraban con más fuerza del carro juntos que por separado. 


Dicho así, en crudo, nunca lo sabremos, ya que esta película no se enfoca en el chimento. Lo que sí queda subrayado es que detrás del corazón de la banda de Manchester late una comunidad global de fans y es por y para quienes se armó la vuelta y el doc, que va en la misma línea temática que el de Knebworth.



Liam y Noel conocen (y no reniegan) el poder nostálgico de sus canciones, saben cómo se resignificaron y expandieron hasta volverse familiar to millions. También entienden que el mundo no es lo que era antes y que, post-pandemia, algo se rompió. En tiempos alocados donde la tecnología nos pisa los talones, las malas noticias abundan y la política es un club de excéntricos (citan imágenes de Trump, Milei y Elon Musk con la motosierra), la música es un puente de escape necesario para elevar, conectarse con otros y mantener vivos los rituales humanos. (Lo que explica, en parte, el fenómeno de tantos estadios sold out en horas, con tickets y merch a precios desorbitantes).


Más allá de la razón que justifique el comeback, hay algo transversal y genuino: la historia personal que une a cada fan con Oasis. En eso se centra la siguiente hora y media. 


A medida que la gira avanza -escalando desde el Reino Unido y su ancestral Irlanda a Seúl, Corea Sudamérica y Estados Unidos-  el film va recolectando testimonios de la common people (o lo que Lennon definiría como ‘’I am he, as you are he, as you are me and we are all together’’). Vivencias que podrían ser tuyas, mías o nuestras sin importar el área geográfica. Como punto criticable, a veces los aportes se van por la tangente o pecan de ser demasiado sentimentales, pero a la larga terminan construyendo el relato de un romance inseparable entre banda + fanbase.




Con un montaje maestro, los directores Dylan Southern y Will Lovelace compaginan estas historias de vida con los registros de shows y el folklore que se respira en cada ciudad del mapa, demostrando que el mad fer it no conoce límites ni idiomas.  

All around the world se vive lo mismo: euforia previa, pasión, trance emocional y sudor, risas y llanto cuando se amplifican los himnos. A lo que se le suma el abrazo tribunero del Poznan y un clímax donde se guardan los mejores hits como balas de plata, llevando al espectador en un viaje que arranca frío y termina prendido fuego. El mérito en gran parte se lo lleva el diseño sonoro de Tarn Willers y James Mather (responsables por el Oscar de Zona de Interés), que suben a tope el volúmen en los peaks de gloria. 


Obviamente, Argentina -patria futbolera- forma parte del masterplan con su parada obligada, donde un hincha del Ciclón cuenta cómo adaptó ‘’Wonderwall’’ a canto de cancha, una acción poética que se completa con la barra del CASLA tocándola con bombos y platillos. (!)


Por momentos aparecen contradicciones que hacen ruido, como ver a Oasis autoproclamándose emblema de la working class cuando hoy gozan de un presente holgado y sus shows pasaron de experiencia popular a VIP. Pero hay algo que Liam y Noel no olvidan: sus orígenes, el haberse hecho de abajo y a quiénes representan, admitiendo que son una banda para todos pero jamás de derecha política. Un statement que se refuerza con un gesto inclusivo: sumando planos de laburantes que se ganan el mango con la venta de productos no-oficiales o captando a los fans que -sin entrada- también fueron parte de la fiesta, escuchándolos afuera del estadio. 


¿Otras cosas cuestionables? Probablemente el escaso material de las seis semanas de ensayos (donde se podría ver chispa o fricciones) y la decisión de omitir la palabra del resto de la banda: Gem, Andy y Bonehead (quien surfeó una problema complejo de salud en pleno tour). Tampoco hay un paréntesis para los años de ruta con Richard Ashcroft, a quien eligieron como invitado de lujo para abrir la gira. Que no aparezcan sólo enfatiza el único punto claro: acá el protagonismo es colectivo y el mensaje de hermandad que se baja va de los Gallagher hacia el público.


Los bocados más ricos de las entrevistas a la dupla -donde se nota a la legua quién es el entertainer a lo Pinky y quién lleva la batuta como Cerebro-  aparecen hacia el cierre.

Pero atención: lejos de los excesos, la elocuencia polémica y la honestidad brutal de los viejos tiempos, los Gallagher ahora hablan desde una postura sospechosamente relajada, con reflexiones de vida que, si bien son sinceras, huelen a coacheo.

 

Entre líneas dejan caer algunas enseñanzas bíblicas en tono ChatGePeTero sobre ser fiel a uno mismo (‘’I need to be myself, I can’t be no one else’’), venir al mundo a hacer lío y divertirse. Pero, por sobre todo, el gran axioma es el que bautiza al film: no mirar atrás con bronca. El mensaje que machacan en todo momento es el de saber perdonar a tiempo por el bien común, como ellos lo hicieron con su tregua histórica, firmada a través de la música para la felicidad del pueblo.


Cuando pasa el pico de euforia, la fiesta termina y se baja el telón. La elección de ''What The World Needs Now'' de Burt Bacharach para musicalizar el cierre de gira mientras la gente abandona el estadio hacía su rutina, es acertadísima y agridulce (preparen los pañuelos). 


Quizás lo que el mundo necesite para sanar en estos momentos duros no sean grandes milagros: tal vez alcanza con buenas canciones que sacudan emociones, con volver a celebrar lo simple y elegir compartirlo.


El documental deja una dosis de optimismo y la invitación a defender y sostener estas tradiciones reales, que aunque parezcan algo de otro siglo y se estén perdiendo, todavía son posibles.


Para quienes quieran probarlo o repetir, a prepararse que en 2027 hay revancha.








Otros films y documentales similares para ver:

Oasis Knebworth 1996 (2021) - Jake Scott
Oasis: Supersonic (2018) -  Mat Whitecross
Oasis: There and Then (1996) - Dick Carruthers, Szaszy
Oasis: Familiar to millions (2000) - Dick Caruthers