martes, 27 de julio de 2021

20 años de Jessico: el camino a la fama con una misión



Hace 20 años Babasónicos editó Jessico, el disco bisagra que los catapultó a la fama llevándolos del under y status de culto a la consagración mainstream.

 ¿Podemos hablar del álbum como soundtrack emblemático de una generación sin repasar el contexto en que surgió?

 Difícilmente. Jessico fue publicado en la Argentina modelo 2001, en un escenario caótico de endeudamiento externo y recesión a raíz de la convertibilidad: una debacle sociopolítica que se estaba caldeando y que estalló con la crisis económica del 20 de diciembre, inmortalizada en imágenes de saqueos, protestas bancarias contra el corralito, cacerolazos y un país en estado de sitio que exigió la renuncia del exmandatario De La Rúa.

 La escena musical no era alentadora: estaba dominada por un estancamiento y chatura con el rock chabón de estadios como bandera de lo popular y el latin pop copando la señal de MTV, pese a que tras bambalinas hace rato se venía gestando una movida contracultural sónica que reclamaba su espacio y se desviaba de la norma. Tampoco la industria atravesaba su mejor momento: la llegada del mp3 con Napster atentó contra el formato físico e impactó en la baja de ventas, derivando por ésta y otras cuestiones en el cierre de muchas tiendas mayoristas y distribuidoras (caso Tower Records).

 Si sacar belleza del caos es virtud, mientras afuera ardía todo, sin nada que perder, la banda de Lanús se encontraba aislada grabando los 12 temas de estudio en una casa quinta en Tortuguitas bajo la producción de Andrew Weiss, ya sin DJ Peggyn en la alineación, sin su histórico manager Cosme Palumbo ni el respaldo de una major, dado que habían finalizado contrato con Sony para apostar por la incipiente disquera PopArt.

 Así como no se puede obviar el contexto al hablar de Jessico, tampoco se puede prescindir de mencionar su trabajo anterior. Antes de comenzar el nuevo milenio, Babasónicos ya venía leyendo la radiografía de la argentinidad en Miami (1999), que con mucha sutileza e ironía retrataba las ruinas del menemismo neoliberal y sus personajes nefastos. El disco fue un ensayo ambicioso y socarrón contra el imperialismo y la globalización inspirado en los escritos de Francis Fukuyama en el que se cruzaban sampleos, orquestaciones, cuelgues instrumentales, sonidos Tex-Mex y baladas ácidas.

 Con una producción menos barroca y experimental y un sentido poético más contundente y efectivo, en Jessico la banda se depura y encuentra como marca registrada el crossover de pop electrónico con destellos lisérgicos y western, abordando nuevas historias de personajes atravesados por el sexo, el deseo, la provocación y el desenfreno, con la pista de baile como nexo de fantasías joviales y hedonistas. El lema parecía ser ''si el mundo se derrumba, que nos encuentre bailando libremente, en dicha y movimiento''.

 Así, parte con ''Los Calientes'', un encuentro casual donde el histeriqueo se concreta en acción en una noche donde el tiempo apremia. Pero si el intercambio no se corporiza, también halla su pronta entrega y consumación de modo autogratificante, como lo muestran los recordados videos de la balada erótica ''Rubí''.

 Otra temática presente es la frivolidad y el esnobismo, con ''Fizz'' como contraseña a una fiesta VIP donde las luminarias y apariencias obnubilan la realidad suburbana o ''Camarín'', el doble juego entre el ego del rockstar vacío que lo tiene todo y el crítico resentido que ve en él una decadencia envidiable.

 Quizás uno de los temas que más los conecta a los inicios es ''Soy Rock'', la declaración de principios donde dejan de manifiesto su independencia anti servil respecto al aparato político, que desde el fin de los tiempos prostituyó al arte con fines panfletarios para lavar su imagen. Si se roza la política es con un meta-rock de discurso propio, sin caer en chabacanería o literalidad, como en el acertado uso del sample a Roberto Galán al final de ‘’Deléctrico’’ (‘’no deje que el disco lo domine, es usted quien debe dominar al disco’’).

 Pero de todo el repertorio, el comodín que la compañía eligió como carta de presentación quizás fue el tema más atípico. Pese a escaparle a los cánones radiales de aquel entonces, ''El Loco’’ logró imponerse con adhesión como anti hit (?) psicodélico, fusionando lo acústico y oriental con una lírica tan metafísica como alucinógena, tal como la musa química ''Tóxica''. Un doble sentido que también se aprecia en la portada pop diseñada por Alejandro Ros, que en un guiño a Superficies de Placer, deja en ese cactus sugerente lugar a la libre interpretación (¿era la música de Babasónicos un brote verde creciendo en suelo árido?, ¿eran la vía de escape para excretar las miserias? ¿o sus canciones venían a actuar como una píldora narcótica seductora y filosa para elevarnos en un viaje a otros mundos?).

 A dos décadas del lanzamiento, recordamos a Jessico como el gran salto en alto que desafió el sonido de una época sorteando la crisis con imaginación. El disco que reinventó su carrera a fuerza de síntesis y madurez para hablarle a una generación que le pasaba algo y hasta el momento no escuchaba la resonancia ni el ritmo de su propia voz en el éter.



Para un paneo más atento al disco, se recomienda ver "Jessico El documental: Una historia de rock en tiempos convulsos", dirigido por Alejandro Martín Arias


En homenaje al vigésimo aniversario, también hay un podcast en la voz de sus protagonistas hosteado por Sofía Carmona y co-producido entre Posta FM y PopArt Discos





jueves, 11 de febrero de 2021

Hoy pasa el tiempo, demoliendo templos


Después del estado de letargo que fue la cuarentena, una vez que la ciudad volvió de a poco a reanudar su ritmo y las calles a ganar movimiento, para sorpresa del peatón muchos aspectos de la vieja y conocida normalidad cambiaron, incluyendo la fisonomía edilicia y los recuerdos que los espacios ocupaban en la memoria.

No hace falta recorrer muchas cuadras para encontrarse con una situación cada vez más frecuente: la de edificios y casas históricas en vías de extinción perimetrados por vallados de los que asoman las placas de la firma constructora o estudio que va a renovar su fachada para convertirlos en un nuevo proyecto habitacional.

Si de polvo venimos y en polvo nos convertimos, otras propiedades directamente hoy se reducen a escombros y dejan en el espacio vacante un interrogante. Una vez que desaparecen se cobra noción real de su vacío y dimensión física a través de las marcas: ya sin las paredes delimitantes de Durlock, quedan restos de color que dan idea de quiénes vivieron: ancianos viudos o jubilados en ambientes enmohecidos o con empapelados desgastados, adultos en pareja o separados, niños que crecieron dejando su huella hasta independizarse y la altura que alcanzaban los ambientes y vivienda: el esqueleto desnudo de una estructura contenedora de historias que serán demolidas y sepultadas bajo otras venideras. (Algo de esto se explora de forma desoladora en la película A Ghost Story (2017) y queda testificado impresionantemente en los posteos de Urban Scar, Argentina Demolida y Basta de Demoler BA, que llevan registro exhaustivo de todo el patrimonio arquitectónico perdido en la última década).

   Registro tomado por @nataliaeichhorn

     Registro tomado por @silvaldezsht

      Registros tomados por @medianerasba



Esta tendencia se ve en los barrios más residenciales de Capital Federal y ahora en el Gran Buenos Aires, fomentada por el fenómeno de la gentrificación. Así se explica cómo mientras a comienzos de los 90 Palermo era una zona obrera de talleres y galpones, a fines de la década y comienzos de los 2000 experimentó un boom artístico por un circuito de diseño con amplia oferta de entretenimiento nocturno como polo gastronómico y de coctelería, potenciando su revalorización comercial en función de intereses inmobiliarios. Lo que en un momento fue simplemente ''Palermo Viejo'' llegó a dividirse en subcategorías como Hollywood, Bronx, Soho y hasta ''Sensible'' o ''Freud''.

Algo similar sucedió con Puerto Madero, que modificó su estructura portuaria como recinto de oficinas, cadenas hoteleras y comercios, lo que derivó en un crecimiento de zonas aledañas como San Telmo, Barracas y La Boca, que, con intervención estatal, se posicionaron como áreas de atractivo turístico incorporando a su geografía museos, sitios de interés cultural, la explotación del imaginario  tanguero y el reciclaje de viejas viviendas o conventillos que hoy sirven de lofts de diseñadores, ateliers de artistas o negocios exclusivos.






Actualmente la movida se viene desplazando hacia la Zona Norte del conurbano y barrios de CABA, especialmente a Vicente López, Saavedra, Colegiales y Chacarita, donde se instalaron varias productoras y empresas con el afán de descentralizar la actividad, favoreciendo la población de zonas residenciales lejanas al caos y la contaminación metropolitana.

¿Qué rol vienen a jugar, entonces, las reformas urbanas? Como punto positivo vendrían a mejorar y embellecer el barrio, incorporándolo en el mapa y restaurando espacios en desidia como plazas abandonadas, creando conciencia de cuidado y cierto sentido de seguridad circulatoria, confirmando lo que dice la Teoría de las ventanas rotas de James Wilson y George Kelling.  Como contrapartida negativa, la puesta en valor del entorno trae una “limpieza social” en la que el tejido urbano deja de ser comunitario y heterogéneo. La plusvalía urbana modifica la composición demográfica y genera una fractura social: cambian los residentes, cambia el espíritu del barrio y, por ende, la forma de percibirse en relación al otro. La suba del metro cuadrado y el aumento del costo de vida muchas veces resultan factores insostenibles para los vecinos más humildes que vivían originalmente, que se ven forzados a migrar a zonas periféricas o alejadas (eso sí: el decorado pop por el que se conoce al barrio no se mancha y queda, aunque su gente se vaya).

El caso más extremo se ve en los proyectos de urbanización en barrios privados cerrados como Nordelta, que viven literalmente fragmentados por cercos o alambres de púa, vigilancia 24/7, monitoreo por cámaras y casas con sistema de alarma en donde el intercambio con el afuera (más que para salir a trabajar o hacer compras), es casi nulo y autosuficiente, sin relación con la otredad y el exterior. (La escritora argentina Claudia Piñeiro describe muy bien este hermetismo de los countries en su libro Las Viudas de Los Jueves).

 El problema de estas modificaciones es que el suelo es un bien cada vez más escaso, no tiene valor social sino mercantil y los beneficios recaen únicamente en las clases que pueden acomodarse a los parámetros del sector privado, que juega con la especulación financiera. Como diría el ex decano de la FADU y actual profesor y decano de la UNDAV, el arquitecto Jaime Sorín, “la política neoliberal en la ciudad lo que intenta es aumentar el valor de la tierra (...) el objetivo en realidad es que no se vea a la ciudad como una creación cultural y social sino como una posibilidad de negocios”.

 Esta es una señal de alarma porque históricamente Buenos Aires  siempre fue un crisol de culturas, una ciudad con heterogeneidad poblacional y urbanística. Citando la introducción del film Medianeras (2011), “crece descontrolada e imperfecta, superpoblada en un país desierto donde se yerguen edificios sin ningún criterio (...) Probablemente estas irregularidades reflejan nuestra identidad perfectamente”.  Lo preocupante es que las construcciones con mira al futuro no parecen augurar variedad colectiva, sino que también van camino a hermanar el paisaje con construcciones bastante impersonales que, partiendo de unos minúsculos 18 m2, pretenden cubrir todas las necesidades funcionales y requisitos de confort.               

La tendencia que predomina son balcones de barrotes frágiles comercializados erróneamente como estilo francés, una arquitectura brutalista apreciada por los amantes de lo minimal que roza lo básico y desentona con el código urbanístico barrial y pisos que se erigen a gran altura sobre terrenos baldíos o pulmones de manzana, el poco espacio verde aún vírgen.

Todo esto en un mundo cada vez más chico y fragmentado. Como analiza el libro Ciudad Carcelaria, “es como si la Argentina, con su pueblo patiero, asadero, extrovertido y callejero, se hubiera achicado hasta casi desaparecer, al menos en la planificación de la mayor de sus manifestaciones urbanas, que es justamente esta ciudad, Buenos Aires, reina de un río al que ya ni mira”.

Las transformaciones territoriales que atravesó el AMBA comenzaron a visualizarse en la dictadura cívico-militar y se potenciaron en el contexto neoliberal, más precisamente durante la década menemista, que impuso como modelo económico el agotamiento de fondos estatales, la privatización de servicios y empresas públicas, el movimiento de capitales y el librecomercio con apertura al mercado externo, debilitando la industria nacional y presentando a Argentina como tierra fértil para la inversión de capital extranjero.

Los años de gestión macrista, tanto en el Gobierno de la Ciudad como en la Presidencia de la Nación, no fueron ajenos a estas decisiones. Se han apropiado y utilizado terrenos públicos para emprendimientos privados (el caso en jaque más amenazante es el de la Costanera Norte), actualmente se están demoliendo más edificios patrimoniales que nunca (aún cuando están protegidos se los desafecta), se cercaron plazas, tumbaron arboledas y tomaron medidas de diseño hostil que convierten a los espacios en superficies cada vez menos habitables, humanas y hospitalarias, pensadas para una utilización cortoplacista que restrinja la libertad. Esto último encuentra referencia directa en el mobiliario expulsivo importado desde Europa, que decide a quién la ciudad le muestra su costado más amable y a quién le resulta incómoda e inhabitable,  apartando e invisibilizando la marginalidad de lugares selectivos. En nombre del diseño se justificaron las peores atrocidades a través de materiales, texturas poco nobles y colores grisáceos o pálidos que atenúan los sentidos, disciplinan el comportamiento y no invitan a mirar, tocar ni interactuar con el otro ni con la ciudad.

Sillones BKF 2000 en cemento
                                           Banquetas y sillones de capitoné en hormigón diseñados por Grupo Bondi

                                                                     Banco de cemento sin respaldo


 Bancos con estructuras de metal que ante el calor intenso del verano o el frío invernal perjudican a miles de usuarios

     Bolardos de hierro fundido y galvanizado en forma de balas para peatonalizar calles y avenidas   

¿Ejemplos? Sobran. Los famosos sillones BKF 2000 de cemento o bancos tapizados de capitoné que parecen mullidos y son de hormigón, bancos largos de plaza sin respaldo, con apoyabrazos intermedios o en materiales metálicos conductores del calor o frío para evitar que los indigentes duerman encima, escalones, entradas o alféizares con pinches o picos para que la gente no se siente u ocupe el espacio, bolardos con forma de municiones de plomo y, yendo al extremo de la antipatía, la prueba piloto que fueron los contenedores “inteligentes” de basura, a los que solo los vecinos y comerciantes de la cuadra podían acceder con tarjeta magnética para evitar que los residuos terminen desperdigados o en manos de cartoneros, recicladores y familias en situación de calle.

(Está claro que un mobiliario más confortable no va a resolver el problema habitacional de la gente sin recursos pero el costo millonario destinado en obras y publicidad, bien podría apuntar a soluciones concretas que favorezcan otra integración y oportunidades. En Vancouver, por ejemplo, se creó un modelo de banco que en caso de lluvia permite desplegar un respaldo con cubrimiento y protección a quien pase la noche ahí

Banco inclusivo diseñado por Spring Advertising en colaboración con la organización Raincity Housing 
           

Hay vecinos que, pese a verse también afectados por las políticas discriminatorias mencionadas, las apoyan escudándose en cuestiones de seguridad, aunque por lo bajo también enmascaren prejuicios de apariencia.

“La ultra pobreza no se quiere ver. Cuando un sin techo se acerca a un barrio rico para conseguir comida, dinero o para pasar el día, parece que el estigma se extiende hacia toda la ciudad, como si estuviera toda empobrecida”, apunta el sociólogo Jorge Sequera. “Y esto choca con los proyectos de aprovechamiento turístico y comercial de muchas ciudades. En los centros históricos muy visitados, los sin hogar, vendedores ambulantes y manteros parecen elementos hostiles ante el cliente que quiere pasear, comprar y no toparse con una realidad social dura, que está ahí”.

Claro que después estas medidas polémicas intentan ser contrarrestadas con cinismo por otras formas de inclusión y participación ciudadana como las Ferias Agroecológicas, el EcoParque, el plan de reciclaje Ciudad Verde, los caniles, permisos para transportar mascotas en subte, Bs As Celebra Las Regiones y otros ejemplos más amigables de sugerir que “en todo estas vos”, aunque lejos esté de serlo porque “vos” no significa “todos”.

Acerca de esta contradicción entre depredación y cuidado ambiental, Sorín mencionaría: “está de moda hablar de lo ecológico, aunque seguramente no es lo que ellos piensan y la Ciudad Verde no existe, es una mentira, sólo es el color verde con el que pintan algunas cosas” (...) “dicen que aumentaron los espacios verdes, pero contabilizan un boulevard y el jardín del medio con dos pedazos de pasto y hasta te pueden contar esos macetones espantosos de las esquinas”.

Las autoridades hacen enfoque obsesivo en lo externo mientras se niegan obstinadamente a mirar hacia adentro para hacer los ajustes que podrían permitirnos no erradicar el problema pero sí coexistir con él de forma más equitativa.


Estas cuestiones dejan unos cuántos interrogantes abiertos para pensar:

¿Hasta cuándo vamos a tolerar que las entidades gubernamentales desprotejan los inmuebles y colonicen su dominio sobre el valor patrimonial de las propiedades?

¿Hasta cuándo vamos a permitir que arrasen como topadoras con el derecho al goce de un espacio público?

La cantidad de edificaciones que se alzan, ¿es proporcional a las posibilidades de acceso a la vivienda de un habitante promedio?

¿Hasta cuándo el cemento va a cotizar más que el verde y - citando al arquitecto Rodolfo Livingston - para la política va a continuar siendo sinónimo de progreso cuando éste se debería medir por la calidad de vida?

¿Hasta cuándo quieren seguir persuadiéndonos y disfrazando a los negociados inmobiliarios de avances urbanísticos?

Ante un país castigado por crisis inflacionarias, alta tasa de desempleo y pobreza, endeudamiento, emergencia habitacional y ahora una pandemia que paralizó la economía, ¿cuál es el propósito que su mobiliario nos recuerde el malestar y la sensación de agobio y encierro? Cómo ciudadanos, ¿cometimos alguna falta para que las políticas públicas tengan ese destrato hacia nosotros?

En tiempos de individualismo y desconexión ¿cómo se refuerzan los lazos si los espacios para generar sociabilidad como plazas y parques no fomentan desde sus instalaciones el encuentro?

Si ''la casa es donde está el corazón'' pero el corazón no tiene dónde sentirse cómodo, ¿se puede seguir llamando realmente casa?

Sin tener que recurrir a fotos de archivo o libros, ¿podremos recordar en los próximos años nuestro hogar e identidad y la de nuestros antepasados con esta destrucción despiadada que se está haciendo a la memoria e historia?



Mientras tanto, el repudio y la resistencia vecinal a la gentrificación están en las calles y se manifiestan acá y en el mundo con el stencil y el street art:








Para cerrar con anhelo esperanzador, existe una contracara ecologista que, mediante acciones genuinas, propone recuperar el acercamiento con el suelo como espacio de diálogo en sociedad y el valor natural que tiene la tierra.


    

                      Informe de huertas urbanas y soberanía alimentaria de @lupittar para IP Noticias


Lugares donde todavía el verde es un privilegio a conservar:

Bajo de Beccar
Tigre
Núñez
Victoria
Núñez y San Isidro
Recoleta
Bosques de Palermo

Material bibliográfico complementario: 


María Carman, Romina Olejarczyk - Resistir Buenos Aires: cómo pensar las políticas excluyentes desde una praxis popular (2021) 
Martha Rosler - Clase cultural: arte y gentrificación (2013)
Daniel Sorando y Álvaro Ardura - First we take Manhattan: se vende la ciudad (2016)
Jorge Sequera - Gentrificación: Capitalismo cool, turismo y control del espacio urbano (2020)
Juan Manuel Agulles - La destrucción de la ciudad (2016) 
Rodolfo Livingston - Arquitectura y autoritarismo (1991)
Claudia Cesaroni, Lena Casati, Claudia Conteris y Matías Bustelo - Ciudad Carcelaria (2020)
Neil Smith - Gentrificación urbana y desarrollo desigual (2015)
Sam Selvon - The Lonely Londoners (1956)
Italo Calvino - Las Ciudades Invisibles (1972)
Edward Glaser - El triunfo de las ciudades (2011)
Richard Florida - The New Urban Crisis: How Our Cities Are Increasing Inequality, Deepening Segregation, and Failing the Middle Class - and What We Can Do About It (2017) 
Byung-Chul Han - Loa a la tierra: un viaje al jardín (2019)



domingo, 5 de abril de 2020

Weyes Blood – Titanic Rising (2019)




Tal vez un dejo de sabiduría ancestral en su sangre permitió a Natalie Mering vaticinar hace un año atrás el escenario que hoy estamos viviendo con su profecía musical Titanic Rising. Es fácil afirmarlo con el diario del lunes en mano, pero este cuarto trabajo de la cantante estadounidense tiene algo premonitorio y la intención de alertar cuestiones postmodernas en las que la música no suele reparar demasiado. La espalda que da el capitalismo a la naturaleza, la amenaza enemiga del cambio climático, la forma en que Internet se infiltró en las relaciones afectivas destruyendo la solidez, compromiso y durabilidad de los vínculos, la identidad mermada en un océano virtual de ego y exposición. La carrera fatigante de sincronizar el reloj biológico con el ritmo vertiginoso al que va el mundo. Un cóctel catastrófico frente al que Mering, como dijo en una entrevista, prefiere posicionarse como una “nostálgica futurista” apoyada en un salvavidas de esperanza que la saque a flote, aunque con su disco casi llegue a tocar fondo.

Anacrónicas a estos tiempos por su sonido, las diez canciones conceptuales del álbum, densas en información, cuentan con una complejidad y arreglos de producción detallistas y barrocos, homenajeando el manual de composición clásico de la década de los 70*. Y parte de ese realismo mágico añejo queda embebido en “A Lot’s Gonna Change”, la apertura de épica orquestal en la que Weyes Blood se remonta a la niñez pre-cibernética, un momento puro de fascinación y descubrimiento donde nada podía ser arrebatado ni existía la sensación trágica de pérdida.

Conforme al paso del tiempo y al fin de la inocencia, esos cimientos que parecían firmes se vuelven inestables como placas tectónicas, al igual que la idea frágil del amor. Con aires harrisoneanos y romanticistas, “Andromeda” va por la galaxia cósmica tras un reto que hoy parece difícil pero no imposible: hallar una relación genuina que se resista a las distracciones, vueltas y expectativas irreales (“El amor está llamando, es tiempo que lo dejes pasar / Encontrá un amor que te realice, te desafío a que lo intentes”).  En un tono más festivo y casi salido del sunshine pop de las Pet Sound Sessions, “Everyday” también lidia con el romance moderno pero asistido por aplicaciones (“Estoy tan asustada de estar sola, es verdad” / “Navegando en barcos que no van a ninguna parte, tengo muchas cosas que despejar, muchos años de malos amores que mejorar” / “Necesito un amor cada día” / “El amor verdadero está de regreso solo para la mitad de nosotros porque el resto se siente mal, condenado a deambular en el primer intento del mundo”). Vale la pena chequear el video dirigido por Mering, un tributo a films de terror de culto como The Chainsaw Texas Massacre, The Last House on The Left  o Friday The 13th que surgió al comparar el efecto swipe de apps de citas como Tinder con una película slasher, donde el cazador va pasando de una presa a la siguiente afinando su rango de búsqueda.

Pero en este presente no todo es desesperanzador: hay un ancla que sostiene a Natalie Mering  y es la fe y necesidad de creer. La hermosa melodía de “Something to Believe” es un himno crítico a la post-verdad en momentos en que la humanidad necesita encontrar bienestar en bases tangibles de sentido universal (“Dame algo que pueda ver / Algo más grande y más fuerte que las voces en mí / Algo en que creer”).




Al igual que en la portada, la segunda mitad del disco invita a sumergirse y bucear en el subconsciente interior de la artista, el espacio donde atesoró sus ideales y gustos. Sobre esto, en otro reportaje, la cantante explicaría: “Sentí que la habitación fue realmente un espacio de formación para la juventud occidentalizada, es el lugar donde formulas tus ideologías y lo que pensas de lo que se trata la vida. De alguna manera es una extraña iniciación hacia la adultez, pero no te prepara para la realidad ni la decepción”. La chica que creció con posters de Titanic en su habitación se refugia en el consuelo de la ficción cinematográfica, aunque haya sido engañada por las mentiras fantasiosas de la industria, que impactaron contra su realidad como el famoso barco contra el iceberg. “Nuestra generación es una de las más saturadas cinematográficamente con el VHS y luego el streaming. Las películas juegan un gran rol en nuestra vida psicológica, pero no hablamos de cuánto pueden distorsionar la realidad, aunque también trascenderla y convertirse en nuestras historias”. Así es como en el melodrama etéreo de “Movies”, un momento sobresaliente, reconoce ese desencanto amargo (“El sentido de la vida no parece brillar como esa pantalla / (…) Serás la Estrella que sabes que sos / Las películas que ví cuando era una niña, la esperanzas y los miedos no dan crédito a las cosas reales”), al que continua en “Mirror Forever” (“Nadie te dará alguna vez un trofeo por todo el dolor y las cosas por las que atravesaste / nadie lo sabe más que vos”). Al fin y al cabo, como reza un dicho, “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” y, más allá de la naturaleza depredadora y compulsiva del ser humano, habitamos dentro de límites que nos fueron dados, por lo que no hay más remedio que aceptarlo y hacerse cargo. Por eso la reconciliación con el tiempo salvaje en que nos toca vivir tarda pero llega en “Wild Time” (“Date vuela, es hora de que lentamente dejes que estos cambios te vuelvan más sagrado y verdadero / De lo contrario, todo fue complicado para nada”), otro punto melódico elevadísimo junto a la mejor balada que podría haber elegido como broche final de película, “Picture Me Better”, un rayo de luz que asoma desde la superficie y llama a naufragar aferrándonos en algo que nos mantenga con vida (“Esperando por una llamada del más allá / Esperando que algo con sentido venga pronto”).

El círculo se cierra simbólicamente con la coda instrumental “Nearer To Thee”, un guiño al comienzo del disco y a la escena del film de James Cameron donde los violinistas se despiden tocando su última pieza antes que el Titanic se hunda. En momentos angustiantes, caóticos y dantescos donde el mundo parece irse a pique y el futuro se ve incierto, la experiencia resulta mucho más agradable y llevadera de transitar con obras de arte como esta, que, como una tabla amiga de salvataje, están ahí listas para ayudarnos a sobrenadar cualquier catástrofe.

Txt: María Gudón
 Ph: Brett Stanley



Para archivarlo entre:

*David Bowie – Hunky Dory (1971)
*Elton John – Madman Across The Water (1971) / Honky Chateau (1972)
*George Harrison – Living in the material world (1973)
*Harry Nilsson – Nilson Schmilsson (1971)
Donovan – Sunshine Superman (1968)
The Zombies – Odessey and Oracle (1968)
The Left Banke – Walk Away Renée / Pretty Ballerina (1967)
*The Beach Boys – Pet Sounds (1966) / Surf’s Up (1971)
*Carpenters –  Close To You (1970) / A Song For You (1972) / Horizon (1975)
Joan Baez – One Day At a Time (1970)
*Joni Mitchell – Blue (1971) / Hejira (1976)
*Judee Sill – Heart Food (1973)
*Linda Perhacs – Parallelograms (1970)
*Laura Nyro – New York Tendaberry (1969)
*Carole King – Tapestry (1971)
Enya – Shepherd Moons (1991)
Rufus Wainwright – Out of the Game (2012)
The Last Shadow Puppets -  Everything you’ve come to expect (2016)
Father John Misty – God’s Favorite Customer (2018)
Beach House – Bloom (2012)
Drugdealer – The End of Comedy (2016)
Julia Holter – Have you in my wilderness (2015)
Sharon Van Etten – Remind Me Tomorrow (2019)
The Lemon Twigs – Do Hollywood (2016)
Brian Eno – Another Green World (1975)