martes, 20 de octubre de 2026

Esto sí que es Argentina: Marttein y su Trilogía de La Decadencia



Martín Farid Olveira Rial -alias MARTTEIN- es de otra camada. Ya de por sí su nombre suena distinto, se impone con otro peso. Algo que se nota en su forma de pensar, en sus influencias, en la creatividad con la que comunica en redes y en cómo traslada su imaginario musical al vivo, poniendo el cuerpo como instrumento y campo de batalla.

Mientras presenciamos el lento deceso del trap -que por años se dedicó a enrostrar la meritocracia del éxito, lujo y vulgaridad contra enemigos invisibles- y las plataformas coronan al reggaetón caribeño y pop global, El Rubio elige plantarse firme en vereda local, presumir el fracaso y disparar contra la realidad que esnifa la cabeza.


Con orgullo (y amor que sangra) sentencia: ''Los pibes perdidos del siglo XXI corren por calles manchadas de amarillo. En el kiosco, en la esquina, esa música que suena es una gringuería. YO, ARGENTINA''. Una frase que va de lo micro a lo macro: válida para una identidad cultural que se está diluyendo, pero también para un país derrotado que agoniza con la soga al cuello frente a un gobierno cada vez más cipayo y entreguista.


Desde un ángulo poco explorado por su generación, Marttein cuenta cómo es vivir en la trinchera en tiempos de cambio y, citando a Gramsci, qué tipos de monstruos surgen de estos claroscuros.

Los arquetipos que describe desfilan a diario entre nosotros: en la calle, en reels, la tele o el Congreso de la Nación. Son los falsos profetas que vienen a despertar conciencias, vender fórmulas de éxito y aprovecharse de los vulnerables; los pibes sin norte que son adultos para ciertas cosas pero inmaduros y dependientes para otras. También los lúmpenes amigos de la noche, los funcionarios pasados de raya y los emprendedores herederos que -a corto kilometraje- tienen la vida resuelta con todo menos amor. En un punto, todos parecen criaturas salidas del puño de Enrique Symns y sus crónicas del under porteño en ''El Señor de los Venenos''.

Un universo que nace de adentrarse en lo profundo de las miserias humanas y de patear antros nocturnos, callejones, tugurios y zonas libradas a la buena de Dios.

Si se hace camino al andar, a sus 25 el purrete platinado gastó bastante las suelas haciendo safari. Acumuló millas que le dieron pie y labia: ''Abajo de la zapatilla tengo un tajo que me conecta con el centro de la tierra'', presume.


En La Trilogía de La Decadencia -como bautizó al compilado de EPs + disco- todos los caminos llevan a Roma. Las historias son distintas caras de una misma moneda que, sin querer queriendo, dan a la misma cortada: la de la frustración, la impunidad y el patetismo. Un resultado conceptual tan logrado que, además de la música, destaca por su dirección actoral y cinematográfica:

Para el proyecto Marttein se rodeó de un equipo talentoso: trabajó la expresión corporal con Roma Trigo, caracterizó a sus personajes con el vestuario de Juana Frontera y delegó la dirección creativa y guión en Valentín Mutti y Oliverio Sisso.


Repasemos, entonces, cada una de las partes del tridente filoso.



I - MARTTEIN, UNA PELÍCULA ARGENTINA:






Como en un tributo al Nuevo Cine Argentino (Pizza, Birra, Faso, Picado Fino, Mundo Grúa, Rapado y 76 89 03), Marttein narra su propia versión de los hechos con el diario de las ruinas de hoy.

Hijo del 2001, podrá tocar la debacle de oído pero también en este contexto aprendió perfectamente lo que es vivirla en déja vú. (''No hay que viajar en el tiempo para vivir el futuro'' declara en su feat. con Mariana Enríquez). 


En la peli somos testigos del amanecer de un día agitado para este paria, que convive con su madre, interpretada por Sandra Madonna (a quien muchos recordarán de MuchDance y Réquiem).

Su rutina es un loop constante: levantarse tarde, deambular en busca de aventuras y sumergirse en una fiesta mental que siempre termina como empezó: volviendo a casa reventado antes que salga el sol. Claro que nuestro antihéroe no tiene un pelo de boludo, sabe que ese plan a largo plazo no conduce a ningún lado (''El entretenimiento se puede complicar cuando eso que amás es lo mismo que te hace bajar'', blanquea entre beats de electrónica madchesteriana). Pero mientras tanto, sin un horizonte prometedor y con todas las de llevarse puesto al mundo, cree que se lo come crudo… aunque es el mundo quien termina escupiéndole la cara a él (''para un enfermo que se cree Superman el único futuro es estrellarse y después quebrarse. Pero no te rías de mí porque para vos tampoco va a ser fácil'', retruca).


Montado como el Tony Manero de Larraín, El Rubio arranca la gira nocturna con sus amigos. Entre lunfardo, sabiduría callejera y filosofía de cafetín, presume historias divertidas de raves, dealers que lo dejaron de garpe (un feat. clave con su amigo escolar Dillom) y levantes que terminaron en lugares oscuros.


Todo es risas hasta que la comedia se tiñe de dark y, en un cachetazo de realidad, aparecen la soledad, los duelos y el peso de dejar ir (¿o crecer?). Suenan notas tangueras para despedir amigos que se fueron (''esto se apagó como un pucho que se lo fuma el viento''), para sepultar a una Buenos Aires futurista que supo ser la ciudad que nunca duerme (''adentro en el apagón las ratas van corriendo entre lo poco que quedó'') y también matar la noción de amor romántico.


En una época fría mediada por pantallas y proyecciones donde es más fácil revelar el cuerpo que las emociones, Marttein desnuda su costado sensible. Lo que también pasa en sus shows, donde arranca más arropado y se va despojando de sus prendas hasta quedar en su esencia más cruda e íntima. El Rubio sugiere que este quizás no es un buen momento para amarse (''es loco que rodeado de tanta gente te estés quedando solo''). Como un poeta maldito expone un mal generacional: la histeria entre lo que asusta y anima (''quiero que me busques pero no, no me hables que me enamoro otra vez''), mientras está en el polvo de una relación sin conexión, con la mirada ausente.  

Si toda declaración de amor es urgente porque vamos a morir, por absurdo que hoy parezca, estamos condenados a sufrir por tibieza (''Afuera llueven tiros y adentro en tu habitación vas con miedo a que te apuñalen otro adiós'').


Y ahí mismo -en el encierro del cuarto- paralizado entre pensamientos intrusivos, inestabilidad coyuntural, traspiés personales y la lobotomía mediática, es donde la bomba de tiempo amenaza con estallar. La cumbia darkwave ''AAA'' es esa alarma activada, el grito del que toca fondo: una generación rota sin mucho por ganar ni perder que arrastra el peso de una pandemia y endeudamiento que hoy se están pagando caro. 


Pero no todo es bajón: en este panorama hostil, ''Una película argentina'' también funciona como un llamado de empatía y resistencia. Conecta con la disconformidad (''¿Dónde está el banquete que me prometieron?''), con los que quieren patear el tablero (''Queremos salir. ¿A dónde? ¡ADELANTE!'') y con quienes, como Marttein con sus shows, saben saborear pequeñas migas de gloria entre tanta pálida (''soy un fracaso pero en el antro hago que griten'').


Aunque su música no sea para todos los paladares, el hecho de que esta pieza capte un síntoma de época tan compartido ya convierte a Marttein en un vocero popular. 

Solo es cuestión de darle tiempo y dejar que se corra aún más la voz. O los gritos.

 







Para ver entre:


Pink Floyd: The Wall (1982) - Alan Parker

A Clockwork Orange (1971) - Stanley Kubrick

Naked (1993) - Mike Leigh

Trainspotting (1996) - Danny Boyle

Human Traffick (1999) - Justin Kerrigan

Sur (1988) - Pino Solanas

Mundo Grúa (1999) - Pablo Trapero

El Ángel (2018) - Luis Ortega

Joker (2019) - Todd Phillips

After Hours (1985) - Martin Scorsese



II - MARTTEIN, EL MARRÓN, MORIR AL SOL:



             

Vivir a merced de ''las fuerzas del cielo'' bajo el mantra de ''Dios proveerá'' crea un terreno fértil para cualquier tipo de fe o escapismo que prometa salvación o, al menos, un dejo de esperanza. 

 

Ante ese escenario, y protagonizando una especie de film de sectas de los 70, Marttein desembarca en un pueblo rural. Es el Predicador de un nuevo culto cannábico: el Marrón (prensado paraguayo). Pese a la desconfianza inicial de los lugareños (''Yo la entiendo señora, yo lo entiendo señor, no le culpo si piensa que la decadencia soy yo''), logra evangelizar al rebaño con sus poderes fumativos hasta evadirse, exorcizar sus mambos y hacerse uno con el humo: ''Le gusta a todos ellos, también lo hago yo, debe ser la pulsión a la autodestrucción o quizás simplemente es el marrón''.


Después de quedar completamente noqueado, la pista electrónica de ''Morir al sol''  le reclama en súplica existencial su pulso vital, aunque el cuerpo ya no de señales ni responda (''Te despertaste otra vez rodeado de tragedia. ¿Te preguntaste alguna vez cómo vamos a hacer para salir? Porque yo quiero saber quién va a conquistarme acá y llevarme a un rincón que no me haga sentir mal'').


Un cruce que demuestra que las drogas y creencias religiosas pueden ser bálsamos sociales parecidos a la hora de anestesiar el dolor, aliviar la tensión y entrar en un limbo.




Para ver entre:


Marjoe (1972) - Sarah Kernochan, Howard Smith 

Wild Wild Country (2018) - 

The Source Family (2012) -  Maria Demopoulos, Jodi Wille

Weeds (1972) - Alex de Renzy

Grass (1999) - Ron Mann



III - MARTTEIN, ESPECTACULAR



             


En una sátira tan brillante como despiadada, el corto y EP Espectacular desnudan la crueldad sin filtro de estos tiempos neoliberales e individualistas.


Como un yuppie noventoso salido de una novela de Brett Easton Ellis, acá Marttein encarna la última fantasía aspiracional de todo pubertario: el Criptobro vacío de moral que cartelea una vida de lujo, poder y derroche.


Nuestro alpha-male es un Tincho fachero, ambicioso y arrogante que mira al mundo elevado desde el paraíso fiscal de su penthouse y su burbuja de privilegios (''Vení a descansar al lugar donde todos sonríen. Nadie tiene problemas, nada que pagar'' ironiza). 

Siendo el nepobaby al mando de la empresa familiar, para él todos los días son sábado y la suerte está echada: el éxito no viene por accidente. En su tierra de oportunidades rige la ley de la jungla y solo sobrevive el más apto. ''Todos juegan para ganar, pero yo tengo una buena habilidad para pisarlos'', cancherea sobre los beats frenéticos de ''Superofertas'', un cuarteto techno-raver, mientras mantiene a la oficina en vilo para amasar su fortuna.


Las palabras del consejero y socio Tomás Rebord llegan para frenarle el carro frente a tanto atropello y evitar que el negocio se vaya a pique. Le advierten que todo lo que sube en algún momento también baja:

''No tenés la menor idea de quién sos. (...) ¿Vas a hacer algo con lo que tenés o te la vas a patinar toda? ¿Sabés por qué te lo digo, nene? Porque todo esto que ves se acaba: el bailecito, la joda, el pelotudeo…''. Pero, lejos de cobrar consciencia, el Ricky Ricón de las finanzas opta por entregarse a la farra, los excesos e impulsos primales. Apaga la presión y el ruido ambiente para eyectarse de la realidad hasta pasarse de rosca.

En ''Pizza Party'', su colaboración con Six Sex -un guiño explícito al menemismo de la Pizza con Champán- la electrónica se pone brutal. Se endurece como sus facciones y como el contexto, mutando en un inframundo donde ya no se distingue si lo que vemos es el reflejo de una realidad monstruosa o el mal viaje de una pesadilla lisérgica y peposa. 


Al igual que en ''Una película argentina'', esta es la otra contracara del país. La del cerco VIP versus la realidad deteriorada de la calle. Mientras afuera el clima está caldeado entre palos, despidos, cierres y la falta de oportunidades para ''agarrar la pala'', dentro de los recintos de poder circula otra pala y unos pocos son los que habitan la dimensión de lo espectacular.


Cualquiera de los caminos, como en toda esta trilogía, no parecen augurar finales prometedores.




Para ver entre:


American Psycho (2000) - Mary Harron

The Wolf of Wall Street (2013) - Martin Scorsese

In the Company of Men (1997) - Neil LaBute

Scarface (1983) - Brian De Palma

Plata Dulce (1982) - Fernando Ayala

Climax (2018) - Gaspar Noé




 

 

Para escuchar a Marrtein entre otros discos como:


El Presidente - Las Multitudes Argentinas (2026)

Mag - 2001 (2025)

Juana Rozas - TANYA (2025)

Blanco Teta - La debacle de las divas (2025) y Rompe Paga (2023)

La Piba Berreta - Un Dios nuevo (2023) y Golpe de (M)Suerte (2021)

Lucas Martí - El sonido de lo que nadie quiere ver Vol. 1, 2 y 3 (2024)

Sumo - Fiebre (1989) y Llegando Los Monos (1986)

Los Prisioneros - Pateando Piedras (1986)

Viagra Boys - Street Worms (2018)

Happy Mondays - Pills N’ Thrills and Bellyaches (1990)

The Prodigy - The Fat of The Land (1997)

Goldie - Timeless (1995)

Ed Rush & Optical - Wormhole (1998)

The Streets - Original Pirate Material (2001)

Front 242 - Up Evil (1993), Tyranny >For You< (1991) y Official Versión (1987)

Nitzer Ebb - That Total Age (1987)

Front Line Assembly - Hard Wired (1995) y Tactical Neural Implant (1992)

Nine Inch Nails - Pretty Hate Machine (1989)

Algún compilado de Gabber de la serie Thunderdome (Vol I al X)


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