viernes, 13 de diciembre de 2013

Stevie Wonder en Vélez: colección intacta de recuerdos melódicos



Los promotores o los espíritus no han querido que viniera antes. Pero no quiero preguntarme por qué no pude visitar antes Argentina, sino disfrutar de haber llegado’ dijo Stevie Wonder en la conferencia de prensa sobre la demora de su esperado debut en suelo argentino.

Cualquier justificación es válida por la simple excusa de escucharlo desplegar su potencial: su voz almibarada es una cálida caricia al oído y sus talentos multiinstrumentales, una maquinaria de groove que demanda una respuesta corporal inmediata.

Rindiendo homenaje a su estrella amiga Marvin Gaye, la hermosa noche abrió con el cover ‘How sweet it is to be loved by you’ en una versión totalmente apropiada que parecía pertenecerle.

Wonder sale ataviado en una túnica sedosa verde de estilo africano con unos llamativos Wayfarers fluorescentes acompañado de su numerosa banda: una troupe de diez músicos negros con swing hasta para regalar. De entrada se gana al público con simpatía y carisma e invita  a que las personas sean sus voces representativas (o ‘Stevie’s voices in Argentina’ como él las llama), proponiendo zapadas y distintas consignas corales que se irán repitiendo ante un estímulo dado, haciendo partícipes de improvisaciones a hombres y mujeres con secciones de  graves y agudos.

El recorrido continúa con dos joyas de Hotter Than July (1980): ‘As If You Read My Mind’ y ‘Master Blaster’, ese jammmin’ de rítmica reggae e influencia jamaiquina.

El pase luego regresa a los homenajes: la cita obligada a Nelson Mandela por sus fuertes convicciones llega con ‘Higher Ground’, un himno que incentiva a arraigarse a la fé y a ser estoico en tiempos difíciles y con ‘Keep Our Love Alive’, un nuevo tema compuesto especialmente tras la muerte del líder revolucionario sudafricano. La mención honorable se repite con otro cover: ‘The Way You Make Me Feel’ de Michael Jackson, que deriva en una serie de solos instrumentales.

Parece mentira estar frente a uno de los más grandes compositores de este siglo y que éste mantenga su destreza y talento intacto como si el tiempo no hubiese dejado marcas. Stevie abre su boca y de ella sale magia, logrando el mismo registro de agudos que en las viejas épocas. En una era saturada de auto-tune es increíble que su voz siga siendo un diamante en estado bruto.

 Todo lo que sus manos tocan (teclados, armónica o el extraño instrumento que mezcla teclas con sonidos guitarreros), lo convierten en fuente de placer  auditivo con una marcada identidad: sea funk, canción o soul. Merece también un párrafo aparte la virtuosa banda en que se apoya: que tiene swing innato y acompaña en perfecto ensamble todas las decisiones de su repertorio.

Es emocionante pensar que aquel  prodigioso y humilde jovencito de 11 años  oriundo del motorizado pueblo de Detroit fichado por  Berry Gordy y educado por Maxine Powell en la década del ’60  aún hoy  mantiene una longeva carrera de cinco décadas de historia al servicio de la música. Pero ojo…los años y los hits no resultan una carga pesada. Hay quienes hacen shows estructuralmente planificados y, por el contrario, quienes aún conservan soltura, espontaneidad y diversión, irradiando felicidad y entrega absoluta. Wonder forma parte de esta última escuela y es contagioso verlo ante el goce de su propia obra esparciendo su amor en forma de sonrisas, música y mensajes de hermandad. A propósito de esto último, no falta oportunidad entre tema y tema en que, como buen predicador de la bondad, no hable sobre la importancia de la unión interracial y del amor hacia el prójimo (lo que indica que no es casual su título como Mensajero de la Paz en la ONU).

El repertorio va transitando por distintos climas y en el medio se viene un bloque de baladas que ablandan sentimientos y despiertan emociones fuertes, obligando a preparar los kleenex en mano. ‘Overjoyed’, ‘Lately’, ‘Golden Lady’ o ‘Ribbon In The Sky’ (a la que se le engancha ‘Wait In Vain’ de Bob Marley) son picos altos que enfatizan la habilidad de Wonder no solo como vocalista sino también como compositor melódico.

Si hubo un momento que descolocó a la gente fue  el paréntesis con los invitados sorpresa en escena: Fabiana Cantilo (acto soporte de su show) subió a cantar una cristalina versión a dúo de ‘Love’s in Need Of Love Today’ y después ocurrió lo mismo con IKV, que irrumpió ‘Do I Do’, extendiendo su cuarto de hora con las rapeadas ‘Abarajame’ y ‘Ula Ula’.

Pero lo mejor estaba por venir,  guardado para el tramo final. La racha de hits dorados de los ‘70s encabezada por ‘Don’t You Worry ‘Bout A Thing’, ‘Living For The City’o ‘Sir Duke’ se mezclaron  con los mega exitosos ‘I Just Called To Say I Love You’ o ‘Isn’t She Lovely’, dedicada especialmente a su hija Aisha Morris (que estaba presente en los coros de la big band).

Las dosis de romanticismo de ‘You Are The Sunshine Of My Life’ y ‘My Cherie Amour’ tampoco fueron obviadas.

Pero el corte abrupto fue dado con ‘Supersition’ como cierre, que obligó a que todo el estadio Velez se levantara de su asiento para meterse en el baile, una verdadera discoteca de sonido Motown al aire libre.

Firmado, vendido y entregado: el público argentino se llevó a cambio de inoxidables canciones, un sacudón de emociones de esas que quedan selladas en el baúl de las memorias y cada tanto vale la pena repasar. Una celebración cancionera como clave de la misma vida, que muta pero permanece intacta en la memoria, como la voz de este maestro.


Txt: María Gudón
Fotos: Cortesía del portal Infobae